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la crisis que fortalece a Estados Unidos

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La pregunta nunca fue si Irán tenía la capacidad de interrumpir el tránsito en el Golfo Pérsico, sino cuándo utilizaría esa capacidad y bajo qué circunstancias.
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Mientras el mundo asume que el cierre de Ormuz es una derrota para Washington, los números cuentan otra historia. Esta crisis no debilita a Estados Unidos: acelera un reacomodo del poder energético global que termina favoreciéndolo.
El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán no fue un escenario inesperado para Estados Unidos. Durante décadas, la CIA, el Pentágono y el Estado Mayor Conjunto analizaron y simularon la posibilidad de que Teherán utilizara esta ruta marítima como instrumento de presión estratégica. Las proyecciones entregadas a Trump advertían con claridad que Irán utilizaría esta capacidad como una palanca asimétrica de presión. La pregunta nunca fue si Irán tenía la capacidad de interrumpir el tránsito en el Golfo Pérsico, sino cuándo utilizaría esa capacidad y bajo qué circunstancias. Si la capacidad de Irán para amenazar el tránsito marítimo era conocida desde hace décadas, enfrentar esa realidad hoy podría resultar menos costoso que hacerlo dentro de algunos años, cuando los sistemas de misiles, drones y tecnologías sean más sofisticados y letales.
Además, para Estados Unidos, esta guerra ofrecía la posibilidad de acelerar una reconfiguración del orden energético mundial en términos favorables para Washington.
La visión predominante presenta el cierre de Ormuz como una derrota para Trump. Aun si esto fuera cierto, una mirada más amplia sugiere una realidad más compleja. Por el estrecho de Ormuz transita una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. También circulan cantidades relevantes de gas natural licuado, fertilizantes, amoniaco, petroquímicos y materias primas esenciales para la industria global. Cualquier interrupción provoca inevitablemente aumentos de precios y tensiones en los mercados.

Relativos de poder
El cierre del estrecho genera incertidumbre, volatilidad y costos para todos. Pero también acelera ajustes que fortalecen a quienes poseen recursos energéticos, capacidad industrial y estabilidad institucional.
Desde esa perspectiva, aunque Trump haya “perdido la guerra”, EU parece estar en mejores condiciones que la mayoría de sus rivales. Después de todo, tras la derrota en Vietnam, no pocos proclamaron el fin de la hegemonía estadounidense. Sin embargo, Washington volvió a consolidarse como la principal potencia mundial. Quizá estemos, una vez más, subestimando la capacidad de recuperación de Estados Unidos.

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